Quiero cogerte pero si lo hago me abraso, salto fuerte para tocar tus puntas de hilo dorado que serpentean dibujando en el aire palabras de certeza.
Eres único, al reír y arder al mismo tiempo, Lorenzo si te probara...sólo un pedazo de ti me bastaría para saber que eres miel de oro, que al roce de tu esplendor y al movimiento de tus cabellos,
emanan de ti reflejos de color cereza que me hacen levitar, pero dile al viento que sople y que me diga quién eres.
ffsfsffsffsfs....el Sol
Eres misteriosa, y guardas secretos que tu cara delata. Eres plata. Creo que me guardas, cuando me sumerjo en la profundidad de la noche oscura de mi alma .
Quién eres? Dile a las estrellas que lo reflejen en el cielo.
Soy Catalina, la Luna*
¿Por qué nos buscas?
¿Recuerdas los pasos del baile perfecto del día y la noche en el equinoccio?.
Tú sol y tú luna, enredados en el cenit de vuestro amor, en el albor que no perece jamás, hacéis ambos dos, debate, poesía y locura de mis pasiones.
01 julio 2013
23 junio 2013
La isla prohibida
En la isla prohibida, el tiempo tal como lo conocemos no existe. Es el paraíso de las delicias, un lugar de difícil acceso, rodeado de flores salvajes, flores de pájaro y de fuego, que se abren al crujido de tus pasos. Las hojas no son naturalmente verdes, esas hojas de la isla, son delirios de belleza, vestidas de piel de pavo real, galantes, erguidas que responden y coquetean al estímulo de tu presencia.
El cielo del paraíso, es algo indescriptible, recuerdo cómo susurrabas al aire sus colores y decías suavemente: amarillo la realidad, azul la vida, violeta el sueño, el paraíso existe, es esta isla prohibida.
El agua, es trasparente y fluye ligera y calmadamente por los recovecos y escondites de esta isla. La imagen es permanente. ¿Por qué te gusta reflejarte en el agua? Líquido que me despierta, gotas que se escurren entre mis dedos y dejan mis manos húmedas. No te secas nunca.
Las voces de la isla no son más que las propias de un paraíso verde, el remanso de paz no se rompe al canto de ningún animal. El sonido es placentero, aquí, puedes atraparlo y ponerte la melodía que más te guste en el oído y esperar con atención sus palabras. El sonido te habla.
La temperatura es aquella que nos hace sentir bien, es cálida como la brisa que ayuda a las nubes a descender hasta la manta de arena. Una vez sobre ellas, descansamos la cabeza, el corazón, el cuerpo, y descubrimos el sentido de flotar con levedad.
Desde la isla no se divisa ningún horizonte, ni a babor ni a estribor, en proa tampoco, quizás porque la isla prohibida es el mismo horizonte.
Este sueño impenetrable no es único, existen tantas islas prohibidas como mentes dispuestas a crearlas.
Sólo hay una llave que abre tu isla y dos viajeros que saben cómo hacerlo.
Si crees, aunque no la veas, que tienes tu propia isla prohibida, recuerda que el acceso no es sencillo, pero un paraíso repleto de vida te espera.
Suerte en este viaje que promete ser maravilloso.
Marta Martín
El cielo del paraíso, es algo indescriptible, recuerdo cómo susurrabas al aire sus colores y decías suavemente: amarillo la realidad, azul la vida, violeta el sueño, el paraíso existe, es esta isla prohibida.
El agua, es trasparente y fluye ligera y calmadamente por los recovecos y escondites de esta isla. La imagen es permanente. ¿Por qué te gusta reflejarte en el agua? Líquido que me despierta, gotas que se escurren entre mis dedos y dejan mis manos húmedas. No te secas nunca.
Las voces de la isla no son más que las propias de un paraíso verde, el remanso de paz no se rompe al canto de ningún animal. El sonido es placentero, aquí, puedes atraparlo y ponerte la melodía que más te guste en el oído y esperar con atención sus palabras. El sonido te habla.
La temperatura es aquella que nos hace sentir bien, es cálida como la brisa que ayuda a las nubes a descender hasta la manta de arena. Una vez sobre ellas, descansamos la cabeza, el corazón, el cuerpo, y descubrimos el sentido de flotar con levedad.
Desde la isla no se divisa ningún horizonte, ni a babor ni a estribor, en proa tampoco, quizás porque la isla prohibida es el mismo horizonte.
Este sueño impenetrable no es único, existen tantas islas prohibidas como mentes dispuestas a crearlas.
Sólo hay una llave que abre tu isla y dos viajeros que saben cómo hacerlo.
Si crees, aunque no la veas, que tienes tu propia isla prohibida, recuerda que el acceso no es sencillo, pero un paraíso repleto de vida te espera.
Suerte en este viaje que promete ser maravilloso.
Marta Martín
03 junio 2013
30 mayo 2013
El silencio también habla
El vaho salía a bocanadas de la nariz y de la boca de Frederic, esto no era un hecho extraño, pues el lugar que le había visto nacer Oymyakon, situado al noroeste de Rusia, era considerado, el lugar más frío de la tierra.

El rubio ceniza del cabello de Frederic conjugaba a la perfección con sus ojos castaños. Descendiente de una larga saga de obreros polacos, sus padres, Galya y Stanislav, podían con mucho sacrificio, costearle su educación. La cual desaprovechaba día tras día, pues en clase oía murmullos donde había palabras, y veía globos de colores, en el lugar en el que había profesores.
Un día Frederic envalentonado, se dispuso a preguntar a la encorsetada señorita Uranoska, tan dura, que su presencia hacía de cualquier garganta un nudo bien amarrado, su mano le temblaba aún teniéndola levantada y su voz todavía inmadura también. Expectante estaba la clase, cuando titubeó “Señorita hurón" todos los niños se rieron al unísono, primero a carcajadas y luego al ver la expresión descompuesta de la señorita Uranoska, las carcajadas cedieron el protagonismo a los fantasmas, a los que estaban acostumbrados.
Ese pequeño tropiezo, su casi mudez natural y el desinterés por los estudios, marcaron su trayectoria en el colegio público Koyta.
Asumió que era diferente y por qué no decirlo, se sentía peor al resto de los niños de la clase de primero, de segundo, de tercero, y así, hasta que el colegio terminó. No le unía nada a ellos, porque... él se sentía feliz conduciendo un
sidecar entre las nubes.
De esta manera, se fue retrayendo cada vez más y más, pero todo lo que llevaba dentro, no. Se sometía a grandes luchas, en el que los guerreros eran: la incomodez y timidez exponencial que sentía al hablar y los deseos latentes que vivían en él, desde que tenía uso de conciencia.
Una mañana se levantó, apoyó sus dos pies en el suelo, al mismo tiempo que crujía la madera de su casa, se dirigió al espejo y quedándose paralizado delante de él, en silencio absoluto, empezó a gesticular, y sus manos daban forma a sus pensamientos y sus expresiones faciales eran poesía en movimiento. El silencio hablaba y adquiría sentido por primera vez.
Practicó, y lo hizo intensamente, ganando de una sentada, todo el tiempo que había perdido. Frederic por fin, había experimentado al mimo que llevaba dentro. “Soy un mimo, un mimo real", se repetía incrédulo, mirándose las manos.
Frederic no dio el salto a ningún trabajo calificado de “digno". Tampoco quiso trabajar en la panadería del íntimo amigo de su padre, el Sr. Porowski.
Fred, empezó a vivir, y a vivir de verdad, su alma expulsaba mariposas cuando se perdía en las calles de su ciudad, y trabajaba como mimo. Sacaba sonrisas de medio lado a los paseantes, con mucho respeto y con una cuanta escarcha en las cejas, regalaba flores a las mujeres e imitaba con gracia, la masculinidad de los hombres.
Frederic, se sintió pleno cuando alcanzó su sueño de ser mimo, un sueño confuso que se mostraba en su cabeza una y otra vez, en forma de imaginaciones y paseos por las nubes, algunos hurones y gran cantidad de globos, globos de múltiples colores.
Que no sea la palabra una dictadura para comunicarse, y que sea el cuerpo, el vehículo universal de expresión. La mudez, es signo de palabras interiores, de mundos significativos y apasionantes para detenerse en ellos, porque el silencio también habla.
Sean las palabras, de carbón o de almíbar, condena de quién las dice, delicias o pesares de quién las escucha.
Sean las palabras, de carbón o de almíbar, condena de quién las dice, delicias o pesares de quién las escucha.
Marta Martín
22 mayo 2013
19 mayo 2013
Retorno Tribal
Habían pasado muchos años, pero había decidido regresar. Era curioso pero Athu no había podido olvidar el olor natural de Tanzania.
Desde el momento que tocó tierra una felicidad vibrante se apoderó de él haciendo sombra a su lógico estado de nerviosismo, los miembros del poblado le recibieron al ritmo de cánticos profundos y alegres, y los niños salieron a su encuentro riéndose y gritando, el reflejo de la luna brillaba en sus ojos y sus corazones celebraban enérgicamente su llegada.
Ztonu, Okapa, Wamba se dirigieron a él, como el guepardo lo hace hacia su presa, pero justo antes de abrazarle se quedaron paralizados al ver lo que había crecido. Estaba mucho más mayor que la última vez que le vieron, algo natural que no dejaba de sorprenderles, se había convertido en un hombre, con el mismo encanto blanco que siempre.
Athu, estaba abrumado por tan caluroso recibimiento, y casi sin poder caminar por sí sólo, fue balanceado hasta la casa de Babacar, el anciano jefe de la tribu.
La temperatura dentro de la cabaña había descendido unos grados, y la oscuridad de la noche se dejó notar dentro de la casa del anciano.
Athu se arrodilló delante de Babacar quién tomo sus manos blancas, pintadas de pecas de color canela, y con la sabiduría que le había dado los años, pronunció:
"Welkom by jou huis weg Athu moes verlaat vir die kragtige nie jou eienskappe vir rituele, maar ons het nog nooit vergeet nie, jy is my seun en broer by jou broers en susters. Jou vel is 'n kombers geseën."
"Bienvenido a tu casa Athu tuviste que marcharte lejos para que los poderosos
no utilizaran tus atributos para rituales, pero nunca nos hemos olvidado de ti, eres mi hijo y eres hermano de tus hermanos. Tu piel es una manta bendita"
Athu no pudo mediar palabra, pues aunque habían pasado muchos años y la salida del poblado se había producido de forma violenta siempre sintió que seguía conectado a su gente, no hacía falta verles, tocarles, ni estar físicamente allí, para saber que había un hilo de seda que los unía a miles de kilómetros de distancia.
La celebración era inevitable, y la noche en aquel lugar de Tanzania, se vistió de drumbs y djembés, de saltos, de palmas, de sonrisas, de gritos al aire que se extendieron a velocidad del rayo por toda la selva, Athu y Wamba, entraron en el centro del enérgico circulo, agitándose como nunca lo habían hecho, saltaban todo lo que podian expresando que la valentia habia ganado al miedo.
Athu había crecido física y emocionalmente, su piel era perfecta, de pelo rubio y ojos enigmáticos que le hacían sencillamente único, pero lo que verdaderamente le hacía especial era la valentía de volver a su tierra sin miedo, seguro de sí mismo, y con la fuerza suficiente para enfrentarse a cualquiera.
Y volvió, volvió para quedarse en el África de sus sueños.
28 abril 2013
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